Turismo rural, ¿una alternativa para el despoblamiento?

Calles de tierra, muy poco tránsito, camionetas viejas, perros descansando bajo la sombra, almacenes antiguos y casas aisladas, forman una postal cada vez más común de los pueblos en la provincia de Buenos Aires y en otras provincias del país.

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Si comparamos los datos de cantidad de población que el Instituto nacional de Población, Hogares y Viviendas (indec) nos facilita, vemos cómo las pequeñas localidades son las que más sufren los efectos del despoblamiento. Efectivamente, la migración desde las pequeñas localidades o ciudades hacia los centros urbanos más grandes es un fenómeno social casi imposible de evitar: los niños crecen, quieren estudiar y no tienen más opciones que migrar. Luego de unos años, son muy pocos los que regresan al hogar materno. Casi todos son conquistados por las luces de la gran ciudad. Así, poco a poco, los pequeños pueblos y parajes rurales se van despoblando. A estos procesos migratorios que podríamos adjetivar como “naturales” y que contribuyen con ese abandono, se suman otros procesos que de naturales no tienen nada. El más importante y el que más impacto trajo en la población rural fue el cierre de los ramales ferroviarios en la década de 1990.

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El ferrocarril tiene la particularidad de ser colonizador. A medida que se expanden las vías del ferrocarril se va poblando el territorio. Cada estación es el núcleo a partir del cual crece un paraje o un pueblo. Poco a poco, llega una familia y, luego, otra. Con el tiempo, se necesitan colegios, almacenes, correos y farmacias. Llegan los servicios básicos y el pueblo crece, adquiere identidad propia. El ferrocarril le da vida al pueblo. Cada vez que llega un tren llegan carta, alimentos, amigos, familia y noticias. En algunos casos, ya existían insipientes poblaciones y la llegada del ferrocarril las revitalizó. Todo funcionó en armonía hasta la privatización y el cierre de los servicios. A partir de ese momento, el tren dejó de pasar y los pueblos se fueron aislando. Esto motivó una mayor migración y el consecuente despoblamiento.

 

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En la actualidad, muchos de estos pueblos buscan revivir a partir del turismo rural. Este tipo de turismo incluye todas las actividades que se realizan en espacio rurales, por lo tanto, podemos distinguir diferentes tipos de turismo rural. Entre ellos está el que se especializa en la visita de estancias, con actividades campestres, como las cabalgatas; el que busca rescatar el pasado de las costumbres y sitios históricos, promocionando la visita a viejos almacenes y pulperías, y el que transformó a ciertos pueblos en polos gastronómicos, como ocurrió con Tomás Jofre. Hace unos días tuve la posibilidad de descubrir el pasado en la localidad de Las Marianas, a unos 130 km de la ciudad de Buenos Aires. Esta localidad, al igual que tantas otras en la provincia, busca revivir sus años de mayor dinamismo a partir de la difusión de sus viejos almacenes, bares, panaderías y pulperías. Con el objetivo de que todas las historias que se esconden en sus paredes sean descubiertas y contadas, sus dueños actuales abren  las puertas y ofrecen su amabilidad a todos los curiosos que se quieran acercar.  No sé si este tipo de turismo puede generar un poblamiento nuevo del pueblo, pero seguro que lo que sí puede hacer es revitalizar a quienes permanecen en él.

 (Si hacen click en una imagen pueden ver las fotos en mayor tamaño).

 

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