Taller ORSAI

Tus ojos

Tus ojos grandes y negros me miran. Mejor dicho miran la cámara. Hay algo que les llama tu atención. ¿Qué será?
Estás cómoda en la espalda de tu mamá. Ella no sabe lo que estás haciendo. Tiene la atención en otra parte.
Alrededor tuyo la gente va y viene preparándose para un ritual. Son las ofrendas a Pascual Abaj, en Chichicastenango, Guatemala. Un ritual al que vos deberás sumarte, aunque no quieras. ¿O podrás revelarte?
Mientras vos mirás fijo hay otro señor que hace lo mismo. Parece que mi presencia lo incomoda en su tarea. Tiene dos vasos con algún líquido sobre la cabeza de otras personas. Ellas están arrodilladas. Tú mamá observa. ¿Será la próxima en entregarse a sus poderes?
Toda la escena llama mi atención.
Pero prefiero quedarme con tus ojos.

Chichicastenango, Guatemala.

Chichicastenango, Guatemala.

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Estás ahí

(Foto + epígrafe)

Varanasi, India.

Varanasi, India.

Tus brazos están tensos. Hacen fuerza. Entre tus manos se retuerce una tela roja. Una tela que cubrirá alguna parte de tu cuerpo. Solo una.

Estás en un lugar sagrado. Sagrado para vos, que sos hindú. Parece que estás solo y calmo, pero ese lugar, en las escalinatas del río Ganges, en Varanasi, es uno de los espacios más sucios, coloridos y concurridos de India.
A veces, las fotografías no muestran todo.

Estás mojado. A pesar de que el Sol apenas se asomó hace unos minutos, ya te sumergiste. Te purificaste. Tu piel gastada por el tiempo cumplió con uno de los rituales: bañarse en el Ganges. Debe ser el único río en el mundo que con semejante grado de contaminación, purifica. ¿Por qué necesitarás purificarte?

Estás casi desnudo.

Estás flaco. ¿Será por la pobreza? ¿O simplemente será tu contextura física?

Estás viejo. Tu pelo y tu barba, extensa y blanca, lo dicen.
Pero te percibo fuerte.
¿Será la purificación?

 

Este texto es un ejercicio del taller de crónica periodística de la Universidad Orsai, dictado por Josefina Licitra.

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René Lavand, el ilusionista

(Semblanza)

A los nueve años, cuando los festejos de carnaval se vieron interrumpidos porque un auto lo atropelló y le aplastó el brazo derecho, Héctor René Lavandera jamás se imaginó que iba a convertirse en René Lavand, uno de los ilusionistas más reconocidos del mundo en la actualidad.
Hombre de ochenta y cinco años, con su brazo derecho ortopédico, aprendió a superar el accidente de los nueve y no dejó que su condición física se interpusiera entre él y su pasión por la magia.
Magia para todos, menos para él que prefiere la palabra ilusionismo. Es la primera aclaración que te hace. Parece como si quisiera dejar en claro quién es el que manda. Igual, aunque quiera mostrar su costado más duro, no siempre puede. La edad suele hacer estas cosas con los hombres. “Aunque si vos querés, podés usar magia”, nos dice después de ver nuestros intentos truncos por reemplazar esa palabra en cada frase.

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