Postales de África

Fútbol

No sé si el fútbol es o no el deporte que más se practica en el mundo, pero sí es el que más vimos en todos nuestros viajes. Si bien por India y Sri Lanka el criquet ocupaba un lugar importante en varias calles y plazas, el fútbol siempre estaba presente. Ya sea en una publicidad, en la remera de un chico con la inscripción de Messi o Ronaldo o en la programación de la televisión. Por eso también es una postal de África.

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Mientras subo esta foto me acuerdo de un libro. Un libro que no existe. Por lo menos no existe en papel. Hace unos años, muchos en realidad, comencé a escribir un libro que trataba sobre el fútbol y las mujeres. Era la época en que no me perdía ni un solo partido de Boca. Era la época de la pasión a flor de piel. Era la época de la afonía al gritar un gol y de los abrazos interminables con personas que solo veía en la cancha. Era la época de las gastadas con mis compañeros de la editorial (y con mis jefes). Era la época de festejar el folclore futbolístico. Era la época en que no había tantas mujeres “producidas para matar” en la tribuna. Era una época que recordaré siempre con mucho cariño. Ese libro posiblemente nunca existirá. Está guardado en algún disco rígido en casa. Algún día, a lo mejor, se lo leeré a alguna novia de Tahiel que le guste el fútbol. O a alguna amiga. Por ahora me lo guardo. Me da algo de vergüenza cuando leo algunas partes. Cambia. Todo cambia.

 

12-8-8

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Niñas no tan niñas

“En él, con mucha dificultad y no menos tiempo, los críos acaban llenando sus cubos. Luego, los transportan sobre la cabeza de tal manera que no se pierda ni una gota. Para ellos, concentrados y atentos, tienen que caminar intentando mantener el equilibrio de sus menudos cuerpos infantiles.” (Ryszard Kapuscinski, Ébano, 1998).

Una de las cosas que más me llamó la atención de África es la cantidad de niños realizando las mismas tareas cotidianas que los adultos, en este caso, la recolección de agua.

Ilha de Mozambique, Mozambique. 

niñascargandoagua

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Buscar la sombra

“…Cuando hace un calor tan insoportable no se puede andar durante mucho rato: no hay con qué respirar, las piernas se flaquean y la camisa se empapa en sudor. Después de una de hora de semejante vagabundeo uno acaba harto de todo. Solo queda un anhelo: sentarse en algún sitio, necesariamente a la sombra y a poder ser junto a un ventilador. En momentos como éste uno se plantea si los habitantes del norte se dan cuenta de la gran bendición que supone es cielo gris, tupido y eternamente encapotado que, a pesar de todo, tiene una virtud maravillosa e inapreciable: que en él no aparece el sol.” (Ryszard Kapuscinski, Ébano, 1998).

En África, las horas pasan así: sentados bajo la sombra, cocinando, peinándose o, simplemente, descansando (como los animales).

Isla de Ibo, Mozambique.

sombraniñas

 

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